Había sido un día perfecto. Habías conseguido el puesto de trabajo que tanto deseabas, acababas de encontrar la casa perfecta, en el mejor barrio de la ciudad en la que siempre habías querido vivir. Eras feliz.
Y para terminar el día te habías ido con tu pareja a dar un paseo por la playa. Todo era perfecto. En ese momento pensabas que nada podría ir mal.
Y de repente despertaste.
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