A veces hasta que no pasa un largo periodo de tiempo, no te das cuenta de las cosas que han pasado.
Y es ahora cuando, al echar la vista atrás, me doy cuenta de la cantidad de cosas que han cambiado a lo largo de este año.
Hay personas que antes no estaban, y ahora es como si fueran tu familia, esa familia con la que quieres pasar cada minuto que sea posible. Otras, sin embargo, ya no están en tu vida. Algunas aún siguen ahí, pero no como siempre; puede ser que las notes distantes o que la relación haya cambiado, y que, por esto, te sientas vacío, o simplemente, diferente.
También llega ese momento en el que sucede algo inesperado, lo que nunca te imaginarías que pudiera pasar. Y ese es el punto clave en el cual todo cambia. Te das cuenta de muchas cosas; de la gente que está a tu lado, en las buenas y en las malas, de lo que de verdad importa, y de que tienes que dejar atrás todo aquello que te hace daño, con lo que no estás a gusto, con lo que no eres realmente feliz.
En este año, muchas cosas han cambiado. Hace un año, estaba con todo el agobio de 2º de bachiller y mi último año en el conservatorio, decidiéndome sobre qué hacer con mi vida de cara a los estudios: seguir adelante con la música o cambiar de camino hacia la educación infantil. También era muy difícil, ya que no podía seguir en mi casa para continuar estudiando lo que quería.
¿Quién me iba a decir a mi, que un año después seguiría aquí estudiando Administración y Finanzas?
Pero estas cosas imprevisibles son las que al fin y al cabo componen tu vida, y la tienes que afrontar con fuerza, motivación y ganas, para superar todo lo que pueda pasar. Por ti. Por los tuyos. Porque la vida no es tan rosa como la pintan, pero tampoco tan negra como a veces la ves.

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